viernes, 11 de noviembre de 2011

REINHEITSGEBOT / Alucines sobre el mundo de la cerveza


Por: Javier Sánchez Valenzuela





¿Tienes idea qué tantas cosas contiene a la cerveza que te estás tomando? Lo más probable es que no. Cuando nos acomodamos con un tarro enfrente generalmente nos lo empinamos sin más y disfrutamos el momento. De cualquier manera sabemos que si nos hace daño podemos demandar al fabricante.

Desde que se inventó la primer cerveza, allá a fínales del neolítico las diferentes culturas la preparaban como les daba la gana, aunque siempre cuidando que sirviera como alimento y les alegrara el espíritu después de darse de mazazos con la tribu de al lado. Esto se repetía en diferentes partes del mundo en diferentes momentos con rutinas similares.

Muchos años después, cuando la última glaciación retrocedió convirtiendo a Europa en el continente fértil que conocemos hoy, empezaron a surgir las civilizaciones que derivarían en la impresionante gama de países que conocemos hoy. La elaboración de cerveza comenzó a concentrarse en el centro norte de Europa al grado de que todos los estilos que conocemos en el resto del mundo hoy en día salieron de ahí. Sin embargo esto no fue fácil.

GUILLERMO IV DE BAVIERA
Cuando la cerveza se transforma en un producto rentable, es decir, cuando empieza a generar algún tipo de utilidad para quienes lo fabricaban, sin importar que fueran asociaciones religiosas o civiles, echaron a volar su creatividad para captar y mantener su mercado. Las recetas fueron innumerables y los resultados fascinantes. Sin embargo nadie había fijado las reglas fundamentales de esto, nadie hasta que los meticulosos alemanes establecieron, escribieron y elevaron a nivel de ley cómo debería de fabricarse la cerveza en su país.

En 1516  el gobierno alemán estableció la Ley de Pureza de Baviera o Reinheitsgebot. Dicha ley decretada por Guillermo IV de Baviera, estableció que los únicos ingredientes que se podían utilizar para fabricar cerveza dentro de su país eran el agua, la malta (principalmente de cebada) y el lúpulo (debemos de recordar que la levadura aun no era un ingrediente "descubierto"  por la ciencia, por lo que no fue considerado en esta ley).  Bajo ninguna circunstancia debería de agregarse aditivo químico alguno, azúcar, arroz, maíz ni cebada sin maltear. Muchos aseguran que esta fue la primer ley de protección al consumidor que se implementó, ya que garantizaba a los bebedores la calidad de la cerveza que estaban consumiendo, sin embargo hay otros factores que nos hacen dudarlo. Dicen algunos que a quien se protegía en realidad era a los granjeros quienes garantizaban con ello la venta de sus cosechas generando los impuestos tan importantes para la corte. También se dice que con la implementación de la ley de Pureza de Baviera se garantizó el consumo del lúpulo sembrado en la región y, en lo general, a la industria cervecera que se encontraba gran parte en manos de los nobles alemanes. No podemos perder de vista que bajo el mandato de la familia real de Baviera, los Wittelsbach, que rigieron desde 1180 hasta la Primera Guerra Mundial, la cerveza floreció  en el país como nunca antes trayendo grandes beneficios económicos a las arcas reales.  Se cree incluso que el duque Albrecht fundó la Cervecería de la Corte Real, Hofbräu-haus conocida ampliamente por las iniciales HB y de gran aceptación en nuestros días. Esta cervecería emblemática alemana pertenece actualmente al Estado.

LEY DE PUERZA DE BAVIERA: 1516
Lo que sí es cierto es que la promulgación de esta ley previno muchos conflictos entre los cerveceros y los panaderos que se peleaban por los granos. A partir de entonces la cebada fue para los cerveceros y el trigo para los panaderos. Esta división no fue tomada al azar, sino que tiene un sustento lógico: la cebada es un grano mucho más suave que el trigo, lo que permite que el proceso de malteo sea más fácil. El trigo, por otro lado, no plantea ningún problema para la elaboración de harinas que son la base para cualquier pan.

Algunos otros países  han implementado regulaciones similares a las de la Reinheitsgebot, por ejemplo Finlandia y Noruega. Existen cervecerías que han convertido la Ley de Pureza de Baviera en toda una estrategia de mercado al sustentar su argumento principal de venta en ella.

Las cervezas industriales de México y de otros países están muy lejos de la sombra de esa ley, las grandes cervecerías han “tropicalizado” los sabores de las cervezas que venden suavizándolas – aunque no te lo digan abiertamente - con otros ingredientes como arroz, maíz y vaya usted a saber qué más. Los sabores auténticos de los estilos de cervezas originales siguen perteneciendo a los Europeos.

CEBADA Y LÚPULO
Por último algo importante: el hecho de que una cerveza no esté elaborada bajo los principios de la Ley de Pureza de Baviera, no significa que sea una mala cerveza. De ninguna manera. Infinidad de cervezas en todo el mundo son elaboradas fuera de los lineamientos de esta ley y son excelentes.

Para muchos la Reinheitsgebot, si bien representa una garantía de calidad, también limita la creatividad de los cerveceros alemanes. Hay quienes hablan de que esta gran tradición centenaria alemana no ha evolucionado a la par de otras regiones del mundo, o de la industria artesanal donde la experimentación y la creatividad de los cerveceros es evidente con resultados muchas veces sorprendente. Ustedes seguramente tendrán la última palabra sobre este asunto.

 ¿Tu qué cerveza nueva probaste esta semana?  Explora, diviértete, piérdete en la diversidad. Busca más allá de la tienda de la esquina.

             Paz y trabajo para todos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

LA CERVEZA BITTER

Por: Javier “Sunshine II” Sánchez
           
Curiosamente cuando nos referimos a una situación desagradable o triste hablamos de que tuvimos un “Momento Amargo”. Digo que es curioso porque no necesariamente lo amargo es malo, sino que puede incluso llegar a ser una sensación verdaderamente placentera.
De entre la infinidad de sabores que somos capaces de percibir, los humanos podemos distinguir cinco fundamentales: dulce, salado, ácido, amargo y umami. Cuando somos niños instintivamente buscamos aquellos sabores simples que se apeguen lo más posible a esas sensaciones básicas, sin embargo a medida que vamos creciendo y desarrollando nuestros sentidos aprendemos a apreciar combinaciones complejas que en muchas ocasiones se antojan opuestas y hasta aberrantes. Esto es cada vez más evidente en lo que a comida y bebidas se refiere. En muchos lugares – como en Italia – se despierta el apetito  con bebidas amargas hechas con base a quinas, otras hierbas y especias.
LOS BEATLES ECHÁNDOSE UNA BITTER EN UN PUB
Parecería ilógico nombrar a un estilo de cerveza “Bitter” que significa amargo. ¿A quién se le antojaría probar algo llamado así? Sin embargo en la Gran Bretaña este estilo de cerveza es la de mayor consumo en los pubs de todo el país. Cualquiera que haya tenido la fortuna de visitar alguno notará que los parroquianos la consumen para refrescarse de la misma forma que en nuestras latitudes consumimos las cervezas estilo Lager, especialmente las Pilsener. A diferencia de las cervezas Stout o Porters que se consumen principalmente en los meses más fríos por su capacidad de “calentar” el cuerpo, las Bitter son perfectas para un receso durante un día de verano.
Las Bitter son todas Ales, es decir, de fermentación alta, por lo que su sabor siempre es intenso, frutal y aromático, ideal para acompañarlo con los famosos fish and chips callejeros o, por nuestros rumbos, con unos buenos tacos de carne asada de tortilla de harina (¿hay de otros?). Las Bitter son ideales para acompañar la comida informal, yo no me atrevería a tomarla acompañando platillos de sabores suaves y delicados porque la Bitter se robaría el espectáculo.
Otra de las características que hacen de una Bitter una bebida muy refrescante, es su marcado carácter de lúpulo, que con su amargor invade la boca llenándola de sensaciones agradables que parecen adormilar nuestras papilas gustativas en cada trago.  Es por esta característica que en algunos lugares del mundo suelen utilizar el término Bitter para describir a una cerveza lager con alto contenido de lúpulo, sin embargo es conveniente recordar que el estilo Bitter es siempre por definición una Ale, por lo que no podría nunca ser una Lager, es decir, una cerveza de fermentación baja.
Las Bitter son generalmente claras, aunque podemos encontrar diferentes intensidades en su color, desde color paja claro hasta el castaño. Esto se debe a que utiliza preponderantemente maltas claras.
Ya mencioné la importancia que tiene el lúpulo en el proceso de elaboración de una buena Bitter, y no solamente durante la etapa de ebullición en la caldera, sino incluso directamente en el barril en el que se guarda al que muchas veces se le agrega un puñado de lúpulo antes de cerrarlo. Aunque existen marcas de Bitter embotelladas, es directamente del barril como se disfruta más
La cerveza Bitter se empezó a fabricar en Estados Unidos hasta el año de 1984. Esto sucedió en el estado de Washington en dos cervecerías, la Hale´s Ales y la Independent Ale Brewery actualmente conocida como Redhook. Al igual que en su natal Inglaterra, la cerveza Bitter se difundió inicialmente en los brewpubs americanos que son definitivamente el ambiente ideal para tomarse una Bitter.
Arriésgate a probar una Bitter en esta temporada. Te aseguro que tu experiencia será muy placentera ya que, además de refrescarte, podrás saborear toda la complejidad de una cerveza Ale.  
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martes, 1 de noviembre de 2011

CERVEZA Y TECNOLOGIA


Por: Javier “Sunshine II” Sánchez
           
La tecnología tiene una gran influencia en todos los aspectos de nuestra vida diaria. Toda obra humana esta fundamentada en alguna medida en algún tipo de tecnología que le ha permitido desarrollarse con un mayor o menor nivel de éxito.  La tecnología finalmente existe para ayudarnos a alcanzar determinados fines con mayor facilidad, fines que buscan algún nivel de satisfacción: “Tecnología es el conjunto de conocimientos técnicos, ordenados científicamente, que permiten diseñar y crear bienes y servicios que facilitan la adaptación al medio ambiente y satisfacer tanto las necesidades esenciales como los deseos de las personas. (Wikipedia)”.
En algunos momentos parece que el concepto “tecnología” se pelea con todo lo que involucra libertad creativa, debido a que aparentemente las reglas son una atadura para darle vuelo a la imaginación. Todo esto lo saco a flote porque frecuentemente me preguntan mi opinión sobre el hecho de que la fabricación de cerveza –sobre todo la muy comercial- este sometida a reglas tecnológicamente tan estrictas eliminando con ello –me dicen- la parte artesanal tan importante. Este cuestionamiento me parece fundamental y es algo que también yo me pregunto frecuentemente.
Desde mi punto de vista existen entornos donde la rigidez tecnológica es esencial para lograr estándares de calidad fundamentales para el éxito de un producto. Pensemos, por ejemplo, en la industria automotriz o en la aeronáutica, cualquier error en el proceso de fabricación puede ser fatal. En el entorno de la fabricación de cerveza en cambio los efectos de la tecnología aplicada con esos criterios no necesariamente resultan en un “mejor” producto. Conozco personas que con un poco de malta, agua, lúpulo y levadura, unos trastos, frascos de vidrio y un espacio en el garaje de su casa es capaz de fabricar maravillas. Aunque evidentemente existen patrones tecnológicos en su fabricación casera, estos son utilizados de una forma artesanal, es decir, cada que repite el proceso deja un espacio a su creatividad.
El problema surge y se hace evidente cuando quieres fabricar cerveza en volúmenes elevados ya que existen muchos más riesgos de que las cosas salgan mal y además en gran cantidad. La fabricación se convierte entonces en un proceso en el que la mano del Maestro Cervecero se substituye por otras muchas manos de químicos, ingenieros, administradores cuyo trabajo, más que crear cosas, consiste en garantizar que todo salga de acuerdo a lo planeado.
La fabricación de cerveza se ha convertido cada vez más en ciencia y menos en arte” nos dice Garret Oliver de la Brooklyn Brewery, lo que nos aleja cada vez más de milenios de tradición cervecera que definieron todos los estilos de cerveza que conocemos en la actualidad. “Convertimos a la cerveza en un commodity –sigue diciendo el Sr. Oliver- igual que el queso lo convertimos en pequeñas rebanadas amarillas envueltas en plástico o el pan lo convertimos en Wonder Bread.”  Hicimos nuestra vida más fácil, sí, pero más aburrida, sin capacidad alguna de asombro ante las cosas que nos rodean.
Muchos fabricantes de cerveza artesanal exitosos que actualmente han incrementado su volumen de producción se enfrentan al problema de no despersonalizar su cerveza ya que fue precisamente su condición artesanal lo que les dio su éxito inicial. Es un problema que está contemplado en los estatutos de la asociación de productores artesanales de cerveza en Estados Unidos que establecen, además de los volúmenes máximos permitidos, los procesos y la calidad de los ingredientes utilizados. Establece incluso los requisitos que deben cumplir los dueños de estas fábricas los cuales no pueden tener relación con las macrocevecerías industriales de ese país.  El problema, no obstante, permanece y parece no tener una solución definitiva.
Nada de lo dicho hasta ahora exenta a los productores artesanales de producir cochinadas, el hecho de ser artesano y ser creativo no garantiza que las cosas siempre tengan una buena calidad. Lo que es importante en todo caso es que esa creatividad sea aplicada en seguir buscando, explorando, cuestionándose cada trago de cerveza que se toman. Pero más importante aun sería que el consumidor fuera quien exigiera creatividad a quienes fabrican cerveza. Somos nosotros los tomadores de cerveza los que finalmente debemos de impulsar un renacimiento del arte de fabricar cerveza.
La buena cerveza no es una ciencia exacta. Al menos no debería serlo. A medida que nos esforzamos en estandarizar los sabores sin tolerancia alguna a las menores divergencias estamos negándole a la cerveza su capacidad de sorprendernos y estamos atrofiando en nosotros mismos el poco espíritu aventurero que nos queda.
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viernes, 21 de octubre de 2011

BUDWEISER Vs BUDWEISER


Por: Javier “Sunshine II” Sánchez
           
Se dice České Budějovic pero para abreviar puedes decir Budějovice, aunque los alemanes que todo quieren hacer a su modo le dicen Budweis. Por supuesto estoy hablando de esa pintoresca ciudad ubicada en el sur oeste de la República Checa que, para mayor detalle, es la capital de la región de Bohemia Meridional.
Aquí se ha producido cerveza desde el siglo XIII. En el siglo XVI llegaron a existir en el pueblo 44 cervecerías, o sea que a los budweiseanos les gusta la cheve y son muy golosos además. Poco tiempo después de que los vecinos de la ciudad de Plzen o Pilsen inventaran su mundialmente famoso estilo Pilsener – allá a principios del siglo XVIII – los cerveceros de Budweis aportaron su propia versión “todo malta” que resultaba ser un poco más dulce que la original. Sin darle muchas vueltas, resulta lógico pensar que  esa cerveza tenía todo el derecho de ser llamada Budweiser, o sea originaria de Budweis ¿No es cierto?  Sin embargo por aquellos años todavía no se manejaba el concepto legal de “Marca Registrada” y mucho menos el término “Denominación de Origen” así que aprovechando el éxito de la fórmula, resultó fácil que los gringos les dieran el gane con el nombre.
Cuando el término “Pilsner” fue adoptado libremente por cerveceros de todo el mundo, la cervecería Anheuser Busch fundada en 1875 y ubicada en St. Louis Missouri, a muchos kilómetros de la República Checa, decidió nombrar a su mejor cerveza Budweiser. La Budweiser americana también es una lager dulzona de 4.5% APV (Alcohol Por Volúmen) aunque mucho más ligera de sabor y cuerpo que la cerveza checa. Por otro lado no es una cerveza “todo malta” ya que contiene aproximadamente un 30% de arroz para suavizarla, y su lupulizado es también menos marcado. Es una cerveza que se toma muy fresca, ya que su almacenaje no dura más de veintiún días.
Actualmente en la ciudad de Budweis de las 44 cervecerías que llegaron a existir solamente quedan dos grandes que siguen produciendo Lagers muy parecidas a las originales: la Samson que fabrica su cerveza marca Cristal y la cervecería Budvar que fabrica la Budweiser Budvar. La Anheuser Busch en cambio se convirtió con el paso de los años en la cervecería más grande del mundo.


Evidentemente esta situación tenía que terminar en un pleito y la disputa legal se generó en el año de 1907 y sigue hasta la fecha. Todo gira alrededor del derecho de usar en exclusiva el nombre Budweiser ya que actualmente son dos los fabricantes que utilizan el mismo nombre como marca de su producto. Esto, alegan ambos rijosos, provoca una confusión en los consumidores que no quieren que su cerveza se confunda con la del otro ya que cada quien dice tener la mejor receta. Aunque parezca increíble, después de más de 100 años de enfrentamientos legales, nadie ha podido ganar en definitiva esta disputa. A lo más que han llegado es a una especie de “acuerdo” en el que cada uno se “compromete” a dividirse el mercado “respetando” sus zonas de influencia. De hecho esto ha llevado al extremo de que diferentes países han elaborado su propia jurisprudencia en relación al mismo problema, de manera tal que puedes encontrar diferencias entre lo que admite la República Checa, de lo que admite Alemania, Suiza, Irlanda, Noruega, Inglaterra, Lituania y Latvia, Hong Kong y –por supuesto- los Estados Unidos de América.       
Esto parece no tener fin. Tendremos que hacernos a la idea de que habrá dos Budweiser por largo rato todavía, aunque por nuestros rumbos no tenemos de qué preocuparnos ya que como parte de este acuerdo de división de mercados resulta difícil –pero no imposible- conseguir una Budvar original. Si esto les quita el sueño, les recomiendo que se echen una cervecita que esté menos problematizada, con eso seguramente se te calmarán los nervios.
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martes, 18 de octubre de 2011

LOS PUNKS DE LA CERVEZA

Por: Javier “Sunshine II” Sánchez
           
En todo hay rebeldes……gente que se revela contra lo establecido y que quiere hacer las cosas “a su manera” sin importarles si con ello están rompiendo reglas y ofendiendo las buenas conciencias, incluso no les importa que la gente los vea como bichos raros y los tache indecentes, alborotadores e indeseables. Sin embargo, aunque ya se nos haya olvidado, todos hemos querido en algún momento dado de nuestra existencia, enfrentarnos al mundo como aquel chinito al tanque y gritarle “¡basta! de ahora en adelante las cosas van a cambiar” o, gritar como Jim Morrison “queremos al mundo y lo queremos ya”, simplemente por el placer de hacer gárgaras con él.
No estoy descubriendo el agua tibia si les digo que, no obstante lo “incómodos” que pueden resultar esos inconformes, sin ellos este mundo sería extremadamente aburrido y estático. Sin ellos todo permanecería quieto como un estanque enlamado y putrefacto ¿no es cierto? Gracias a que existen esas personas es que avanzamos. Aunque son un dolor de cabeza para muchos, finalmente terminamos agradeciéndoles que hayan tenido el valor de hacer lo que nadie antes se había atrevido a hacer.
Bueno, todo esta condescendencia es solamente el rollo inicial para poder justificar lo que Martin Dikie y James Watt han hecho en el mundo de la cerveza. Ambos son los fundadores en el Reino Unido de Brew Dog (www.brewdog.com) la irreverente cervecería independiente que fabrica “Cerveza para Punks” desde 1997. Martin y James, cansados de tomar las cervezas que tradicionalmente se fabrican en Inglaterra, decidieron vender algunas cosas y tomar el poco dinero que tenían para comprarse el equipo necesario y ponerse a elaborar sus propias cervezas. Nadie les iba a decir, de ahora en adelante, cómo fabricar una cerveza…ellos establecerían sus propias reglas sin importarles la opinión de los viejos maestros cerveceros del Reino Unido...y eso precisamente hicieron.  Desde entonces y hasta la fecha se convirtieron en el “Metállica” de la cerveza. Sus estilos descritos por muchos como “Hardcore” han llevado a la cerveza a otros niveles antes desconocidos.
Una cosa, no obstante, tenía que ser respetada: todos los ingredientes utilizados en la fabricación de cualquiera de sus cervezas, deben ser naturales, sin ningún conservador, ningún aditivo y sin pasteurización alguna. Con eso en mente se pusieron a inventar recetas de cervezas que ya son icónicas en el mercado ingles y empiezan a serlo en algunos otros países europeos:
Trashy Blonde: “sabes que no deberías”
Punk IPA: “Clásica Pale Ale Post Moderna”
77 Lager: “Pilsner de Yuxtaposición”
5 A.M. Saint: “Amber Ale Iconoclasta”
Hardcore IPA: “Imperial Pale Ale Explícita” 
Paradox: Imperial Stout Añejada en Barriles de Wisky”
Tokyo: “Stout Fantásticamente Intergaláctica Añejada en Roble”
Tactical Nuclear Penguin: “Cerveza para los Muy Clavados”
Sink The Bismark!: “IPA para los Muy Clavados”.
The End of History: ¡Uffff!

Entre otras cosas, esta última cerveza “The End of History! (El Final de la Historia)” tuvo por algun tiempo el honor de ser la cerveza con mayor cantidad de alcohol que se fabricaba en el mundo: 55% de Alcohol Por Volúmen (APV), hasta que llegó una pequeñísmima cervecería holandesa con su "Starting The Future" una cerverza de 60% APV.
MARTIN Y JAMES
Evidentmente encontrar en algun restaurante o bar alguna de estas cervezas extremas no es cosa fácil, pero con suerte y se te atraviesa en tu camino un lugar como El Sume, en Mexicali, Baja California, donde seguido tienen alguna.
Nada esta escrito en piedra en lo que a fabricación de cerveza se refiere. Siempre habrá espacio para la innovación y para la irreverencia. Ahora Martin y James son noticia porque se atrevieron a cruzar los límites y detrás de ellos seguramente vendrán otros que reclamarán su propio espacio. Sería bonito oír que algo remotamente parecido sucediera en México.

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viernes, 14 de octubre de 2011

ANTES DE TOMARTE UNA CERVEZA...

Por: Javier “Sunshine II” Sánchez

Recientemente mi buen amigo Miguel Fimbres, excelente catador de vinos y amante de la buena cerveza, me hizo el favor de hacerme llegar un artículo por demás interesante titulado “La Peor Cerveza del Mundo(http://gothamist.com/2011/10/12/garrett_oliver.php) donde el maestro cervecero Garret Oliver de la Brooklyn Brewery  expone algunas muy interesantes opiniones sobre la cerveza. Este artículo me puso a pensar a cerca de algo que muchos de nosotros damos por sentado y que, finalmente, es la base para poder determinar si estamos tomando una cerveza  buena, mala o regular. Generalmente abrimos la botella o nos sirven el vaso y sin más trámite le damos mate.tramite﷽﷽ mate sin mvez en cuando ser sirven el vaso y sin mdamos por hecho y que, finalmente, es la base para poder determinar.
Creo que al menos de vez en cuando deberíamos de darle oportunidad a cada cerveza de expresarse y de decirnos qué tiene para ofrecernos.
Bueno, pero ¿y qué tanto podemos hacer entre la servida y la engullida de la cerveza? Qué les parece si repasamos de manera muy general lo que es conveniente hacer cuando queremos degustar una cerveza. No nos llevará mucho tiempo.
Lo primero que quiero decirles es que degustar una cerveza es básicamente el mismo proceso que inconcientemente seguimos cuando vamos a llevarnos algo a la boca, lo que sea, comida o bebida, incluyendo un simple vaso de agua. Esta rutina -sin nosotros saberlo- seguramente nos ha salvado la vida en varias ocasiones ya que nos ha ayudado a distinguir entre algo que está en mal estado y lo que es seguro de comer. La rutina es muy simple
OLER. Antes que otra cosa permíteme darte un gran consejo: nunca trates de catar una cerveza que esta extremadamente fría, eso solamente inhibirá su aroma y su sabor. Deja que se caliente un poquito (entre 4 y 8 grados centígrados) para que suelte todos sus atributos. Lo más recomendable antes de cualquier otra cosa es oler la cerveza que te acabas de servir, ya que en algunas de ellas hay aromas que son muy volátiles y permanecen solamente por uno o dos minutos. No hagas inhalaciones muy largas que solamente resecarán y saturarán tus receptores, por el contrario da pequeñas y lentas aspiraciones, esto resulta muy útil para detectar sutilezas en el aroma de la bebida y, lo que es muy importante, te da tiempo de echar mano de tu “banco de recuerdos” olfativos que te conectan con lugares en los que has estado o vivencias que has tenido; un jardín, una fruta, la cocina de tu abuelita, los chicles que comías en la primaria, etc.
VER. Una vez que terminaste de oler todo lo que te ofrece la cerveza que tienes en tu mano y fijarte en su color, en su transparencia o turbiedad, en su espuma en su cuerpo. Si una cerveza no es clara y trasparente, antes de regresársela a quien te la dio recuerda que hay muchos estilos de cerveza, existen algunas que son turbias, rojas, cafés, amarillas y algunas casi blancas, incluso hay algunas con poca espuma. Muchas cervezas artesanales no están filtradas ni pasteurizadas lo que les puede dar un color extraño. Ver una cerveza también te adelanta la experiencia que estás a punto de vivir al tomarla.
PROBAR. De entradas no des un gran trago, recuerda que estamos tratando de catar la cerveza y un gran trago solamente saturaría nuestra lengua privándonos de conocer los detalles del sabor. Dale un pequeño sorbo y permite que la cerveza se distribuya por tu lengua antes de tragarla. De nuevo recurre a tus recuerdos. Pon atención en los detalles como la dulzura, la acidez y la amargura del líquido. ¿Cómo sientes el sabor? ¿aguado? ¿denso? ¿pastoso? ¿pesado? ¿lechoso? y que puedes encontrar sobre su carbonatación ¿es cremosa?¿es chispeante?¿escaza?
RETROPRUEBA: Dale un trago más grande y después de tragarlo espera a que el aroma se regrese o fuerza un  poco para que esto suceda. Esto permite captar los aromas de forma diferente ya que, según los conocedores del tema son captados por neuronas llamadas retronasales que a través de los tejidos blandos de la parte posterior de la lengua nos dan una nueva perspectiva del sabor unido al aroma. 
ANOTAR: Finalmente si eres lo suficientemente cuidadoso te recomiendo que hagas anotaciones que poco a poco irán conformando tu archivo privado de cervezas.
A lo largo de nuestra vida nos hemos acostumbrado a tomar cervezas que no dan mucho de que hablar. Sus atributos están tan estandarizados y son tan similares entre las diferentes marcas que muchos piensan que la cerveza es aburrida y que solamente sirve para emborracharse. Esto debe cambiar. Esto no fue así durante cientos de años. El siglo XX nos masificó de tal forma que la parte artesanal de las cervezas fue casi anulado para darle paso a procedimientos estrictamente científicos, técnicamente perfectos y al mismo tiempo brutalmente inhumanos. Nos han hecho creer que la fabricación de cerveza debe ser una ciencia exacta cuando en realidad durante toda la historia de la civilización humana no fue de esa manera. La cerveza es esencialmente producto de la creatividad humana y, por lo tanto, tiene miles de variantes que es lo que la hacen tan fascinante. Démosle de nuevo a nuestros sentidos la posibilidad de recuperar su capacidad de asombro.
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martes, 11 de octubre de 2011

LAS CERVEZAS LÁMBICAS O EL ATAQUE DE LAS LEVADURAS SALVAJES


Por: Javier “Sunshine II” Sánchez

           
Esto que parece el título de una película del señor Ed Wood, tiene un final mucho más feliz que cualquiera de sus historias, por lo menos para los exploradores del mundo de la cerveza que procuramos no andar peleando con extraterrestres ni mutantes malhumorados.
Como todos ustedes saben, uno de los cuatro ingredientes fundamentales de cualquier cerveza son las levaduras, esos inquietos microorganismos que se encargan de transformar al azúcar en alcohol. “sin levaduras –cito a Michael Jackson (el galés)- la cerveza sería agua de cebada y el vino jugo de uva”.  Cada casa cervecera cuida y mantiene sus cepas de levadura  mejor de lo que muchos de nosotros cuidamos a nuestros hijos. Estos fabricantes conservan sus levaduras como el tesoro más preciado de la tierra y son capaces de matar a quien se atreva a mirarlas feo. Hay historias de maestros cerveceros que baten sus tanques de fermentación con los mismos bastones de madera que utilizaron sus antepasados y que conservan las levaduras de la receta original.
LEVADURAS PROVENIENTES DEL ENTORNO
Sin embargo, hay un tipo de cerveza que se quedó en el pasado, en la época cuando las levaduras que fermentaban la cerveza y el vino literalmente “caían del cielo”. Es decir, en lugar de ser criadas y cultivadas como creaturas preciosas, estas levaduras caen en el tanque de fermentación traídas suavemente por el viento. A estas levaduras se les conoce como salvajes, ya que llegan como les da la gana y a la hora que se les antoja. Al tipo de fermentación producto de este sistema se le llama “Fermentación Espontánea”.  A las cervezas fabricadas con este método se les conoce como Lámbicas. Todas las cervezas Lámbicas técnicamente son de fermentación alta (Ale) y se fabrican actualmente con un mínimo de 30% de trigo crudo (no malterado) y el resto lo aporta la cebada ya malteada. El tiempo de fermentación de este tipo de cerveza es de los más prolongados, algunas veces dura dos años, lo que lo hace también uno de los más costosos.
ALMACÉN DE LÁMBICAS
Como se imaginarán, estas cervezas Lámbicas suelen darnos un sabor diferente cada vez y eso es parte de su atractivo. El aroma y el sabor de estas cervezas en vinoso, algo parecido al Vermouth o al Jerez. La primera vez que tomas una Lámbica cuesta trabajo pensar que estás probando una cerveza y muchas personas la confunden incluso con ciertos tipos de vino espumoso. Es definitivamente una de las bebidas más complejas del mundo y la cerveza comercialmente hablando más antigua que aun se fabrica. Por si fuera poco,  su proceso de elaboración ha permanecido igual desde que a mediados del siglo XVIII se empezó a fabricar en Pajottenland la región flamenca a orillas del río Zenne, al suroeste de Bruselas, Bélgica. Se cree que su nombre proviene del pueblo de Lembeek, uno de los pueblos ribereños que hasta la fecha la producen.
BRAZO DEL RÍO ZENNE
La cerveza Lámbica ha ganado adeptos muy rápidamente entre consumidores de cerveza experimentados y entre los recién llegados. Esto se lo atribuyo al hecho de que su sabor resulta verdaderamente nuevo y exótico cuando se prueba por primera vez. Las Lámbicas frutales son dulces y refrescantes mientras que otros estilos nos recuerdan al Champán seco. Dentro de los tipos de Lámbica que existen se encuentran la Lámbica Pura, ácida y poca o nula en carbonación. La Gueuze, mezcla de cerveza joven y añejada y con doble fermentación. La Faro, dulce, a veces especiada es elaborada con una mezcla de Lámbica y otra cerveza joven no necesariamente Lámbica. La Kriek, ácida por las cerezas ácidas que se usan para refermentarla. La Lámbica de Frutas, que contiene frutas frescas o jarabe de frambuesa, o de durazno, o de fresas, grosella negra (cassis) o manzana.
Las cervezas Lámbicas eran hasta hace poco tiempo muy poco conocidas fuera de Bélgica y algunos pueblos fronterizos de sus vecinos franceses y holandeses, debido a que nunca hubo esfuerzos importantes para tratar de sacarla de esa zona, se consideraba un estilo predominantemente local y difícil de aceptar en el resto del mundo. Sin embargo hace algunos años esto cambió y ahora es posible encontrarla en muchos países.
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